Director de la felicidad, el nuevo trabajo que las empresas demandan

Director de la felicidad, el nuevo trabajo que las empresas demandan

Si hace unos pocos días nos desayunábamos con la sorprendente noticia de la apertura de un Ministerio de la Suprema Felicidad en Venezuela impulsado por el presidente bolivariano Nicolás Maduro, ahora parece ser que llega el turno al mundo de la empresa, que también se está preocupando por el bienestar de sus trabajadores.

Como explica una nota de prensa remitida por Open English, en la actualidad las empresas buscan aumentar su productividad haciendo más felices a sus empleados. Esta satisfacción laboral no se refiere a un mayor sueldo o a unas vacaciones más largas, sino al ambiente profesional que se vive diariamente. Por eso, la empresa ha incorporado a su plantilla un Director de la Felicidad.

Las compañías líderes están dando paso a cargos fuera de lo común, dejando de lado los puestos de trabajo tradicionales. Este es el caso de Open English, que recientemente incorporó a su plantilla a Alain Lagger, Director de la Felicidad, un puesto cuyo objetivo es generar una cultura de optimismo y cooperación dentro la empresa.

¿Qué hace un director de la felicidad?

Andrés Moreno, fundador y CEO de Open English, señala que “nos pusimos como objetivo que cada una de las personas que trabajan en la empresa se motivara más allá del salario y que entendieran que su trabajo puede cambiar la vida de otras personas”. Entre las funciones del Director de la Felicidad se incluyen crear iniciativas de motivación, dinámicas de fortalecimiento de equipos y actividades que subrayan y promueven los valores esenciales de Open English. Estas actividades incluyen desde trabajar con los ejecutivos de la empresa, sesiones grupales y personales de asesoría, mantener líneas de comunicación abiertas en toda la empresa para fomentar la felicidad y la satisfacción en el trabajo, hasta la organización de grandes dinámicas de grupo para toda la empresa.

La felicidad es tan visible como una sonrisa“Me aseguro de que todos los que trabajan aquí tengan la mejor experiencia de valor en la compañía” dice Lagger. En este sentido añade que “la mayoría de compañías tienen valores fundamentales. A veces esos valores son grandes palabras, como ‘confianza’, ‘comunicación’ o ‘trabajo en equipo’.Nosotros queremos ser muy positivos respecto a definir cuáles son los valores fundamentales de Open English, para crear una cultura en una compañía que represente esos valores”.

Como Director de la Felicidad, Alain Lagger trata de mantener una relación cercana con todos empleados. Un hecho que le lleva a viajar contantemente a Miami, Bogotá, Sao Paulo, Caracas, Buenos Aires y Europa. En estas sedes organiza actividades como meditación, conferencias y talleres artísticos. Pensar en el bienestar de los empleados puede parecer un discurso moderno que se ha ido adoptando recientemente, pero ese bienestar va más allá de tener un buen despacho, café gratis o unas vacaciones más largas. Trabajar en algo ‘intangible’, como es el concepto del bienestar de un empleado, es casi una utopía. Pero quizás sea al revés: la felicidad es tan visible como una sonrisa.

Resultados medibles

La gestión del Director de la Felicidad se mide, sobre todo, a través de la satisfacción de los propios trabajadores, cuantificando el número de empleados que han abandonado la compañía y cuántas personas quieren trabajar para Open English, junto con los comentarios de los clientes y de cómo estos califican la calidad del servicio. Sentirse realizado tanto profesional como personalmente se traduce en una mayor productividad. Este enfoque centrado en la felicidad del trabajador es el secreto de la estabilidad y del éxito dentro del lugar de trabajo.

Quién sabe si a partir de ahora diferentes empresas de todo el mundo comenzarán a integrar esta figura en sus estructuras organizativas al darse cuenta de que efectivamente contribuyen a aumentar la productividad de la marca, o si simplemente se trata de una hábil maniobra publicitaria, pero lo que está claro es que con su sonrisa, Alain Lagger hará feliz a más de uno.

Riete

Riete

Ríete

Por: Carla Acebey (@carladesanchez) el 04/05/2012 · Bienestar emocional

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Ayer estaba escribiendo mi artículo para esta semana y me sentía bastante satisfecha porque pensé que estaba quedando muy bien. De pronto algo me detuvo y releí lo escrito con otros ojos. Si bien a mi parecer lo allí desarrollado era cierto y útil (hablaba de los conflictos en una pareja), me pregunté ¿por qué es que las mujeres somos tan intensas y profundas para todo? Y esa pregunta me abrió otra puerta a un tema que sentí que era más apropiado para hoy.

Es verdad que no creo en etiquetas que nos encajonan y generalizan, cada ser es único. Al mismo tiempo tenemos algunas particularidades propias de nuestro género y ésta por ejemplo creo que es una característica que la mayoría de nosotras tenemos: ser profundas. Creo que a veces la vida debe tomarse con liviandad, debemos reírnos de nuestros propios problemas y agregar esa ligereza a nuestra vida y a todas nuestras relaciones. El enrollarnos en lo que me dijo tal persona, el analizar todo 10 veces, el ser tan rigurosas si bien nos traen un montón de ventajas, también nos hacen no estar presentes en el ahora y así perdemos la posibilidad de disfrutar el momento.riete

En mi relación con mi esposo (ya tenemos 15 años juntos) al principio me molestaba que cuando había alguna dificultad, a él se le ocurría un chiste, una forma jocosa de abordar o ver la situación. Quería ahorcarlo porque pensaba que era una forma de no afrontar lo que ocurría. Con el tiempo pude ver que manera de apreciar la vida es mucho más simple que la mía y pude bendecir y agradecer su sentido del humor y su ligereza, que hacen un balance perfecto con mi intensidad. Gracias Dios por poner este hombre divertido en mi camino.

Entonces, volviendo a ayer, cuando leí nuevamente el artículo que escribía, visualizaba parejas riendo, incluso burlándose de lo que viven como una expresión de confianza de que eso va a pasar.  A mí me ha ocurrido, de pronto estoy en medio de una discusión y una parte de mí dice, ¡qué ridiculez! si la vida es fácil, todos tenemos nuestras razones… cuando lo he compartido con la otra persona, en general coincidimos y terminamos a carcajada limpia. Te invito a reírte más, incluso de tus propios problemas, relájate, ten buen humor aun cuando las cosas no estén saliendo exactamente como quieres. 

Cuando no estás inmerso en los problemas, sino que puedes verlos desde afuera, como si estos no fueran tuyos, tienes la capacidad de encontrar diversas soluciones, que sólo te lo permite la ligereza, sin el apego a todas las emociones que pasan por ti.

Puede ser que los caballeros que estén leyendo se sientan muy felices y se les hinche un poco el pecho, (o metan la barriga como la propaganda de la compañía telefónica Movistar, je, je), está muy bien, pero también tienen su parte por resolver, a veces la línea entre ser ligero y ser evasivo es muy fina, acuérdate que ni tan calvo ni con dos pelucas (¡ay, creo que se me cayó la cédula!).

En resumen, agrega una dosis de buen humor, diversión y risas a todas tus relaciones y a tu vida en general sobre todo si estás en una situación de dificultad. Verás que todo luce más fácil y puedes encontrar soluciones.  

9 pasos hacia la aceptación

9 pasos hacia la aceptación

Por: Inspirulina (@inspirulina) el 15/11/2013 · Bienestar emocional

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¿“Yo no sé cómo aceptarme” es una frase familiar para ti? Muchas veces no tenemos modelos de dónde copiarnos este valor y caemos en el abandono de nosotros mismos. Pero no podemos permitir no amarnos porque eso afecta nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean.

A continuación podrás leer nueve acciones que, si las ejecutas desde un lugar genuino y con el corazón, te harán sentir aceptado y, por lo tanto, tendrás amor propio:

  1. Escucha tu interior: Muchas personas tienen la virtud de sintonizarse con los sentimientos del otro, pero ¿pueden sintonizar los suyos propios? Si haces caso omiso a tus sentimientos, incrementarás la distancia ente tú y tus sentimientos y te alejarás de lo que eres y lo que sientes. Procura tomarte un tiempo para escuchar lo que tu interior tiene que decir.
  2. Sé compasivo: Si juzgas tus sentimientos diciéndote que estás equivocado por tenerlos, internamente te sentirás rechazado y abandonado. Si eres gentil, tierno, y comprendes lo que sientes, estarás más cerca de aceptarte.
  3. Ábrete al aprendizaje: Todos los sentimientos son informativos. Al igual que el dolor físico te alerta sobre un problema que necesita atención, con el dolor emocional ocurre lo mismo. Los sentimientos dolorosos te informan que puedes estar perdiendo amor propio, que alguien no está tratándote como esperas o que simplemente la situación no es buena para ti. Asiste a tus sentimientos y aprende lo que están comunicándote, luego toma medidas para remediar la situación.
  4. Crea una conexión sólida con el amor: El amor no es un sentimiento que generamos en nuestra mente. Viene del corazón, cuando está abierto a nuestra fuente de amor. ¿Cuál es tu fuente de amor? Pon en marcha ese sentimiento y conéctate espiritualmente contigo mismo.
  5. Rodéate de gente amable: No siempre tenemos la opción (como en las relaciones de trabajo), pero cuando la tenemos (como en las relaciones personales) es mejor elegir estar con personas que nos hagan sentir bien y que sean amables. Si estás rodeado de críticos o abusivos, el mensaje que estás enviando a ti mismo es que no eres digno de ser amado.
  6. Toma acciones: No permitas que los demás te traten mal. Cuando sientas que abusan de ti en una discusión, párala. Deja claro a la otra persona cuáles son tus límites y tu deseo de no querer tratado de esa manera. Si es necesario retirarse, retírate. Debes respetar tus sentimientos y tu amor propio.
  7. Cuida tu cuerpo, tu tiempo, tu espacio y tus finanzas: Te sentirás querido y adorado si te alimentas de manera saludable, haces ejercicio y duermes bien. Cuando ignoras tu salud, estás enviándole a tu cuerpo un mensaje de que no eres capaz de amarte. Por otra parte, si eres siempre impuntual y desorganizado con tu tiempo y con tu espacio, estarás enviando un mismo mensaje negativo. Cuando respetas estos valores estás dejando claro que los mereces. Gastar de más y tener deudas innecesarias aumentarán tu temor y perderás amor. Necesitas sentirte seguro respecto a tus necesidades para vivir con tranquilidad.
  8. Encuentra un trabajo que te guste: Dado que el trabajo ocupa una gran parte del día, encontrar un empleo que te encante es de vital importancia. Si continúas forzándote a permanecer en trabajos que odias, el mensaje que envías a ti mismo es que no vale la pena hacer nada de lo que haces.
  9. Crea equilibrio, no olvides el juego: Necesitamos equilibrio en nuestra vida para sentirnos queridos y adorados, por eso necesitamos tiempo para trabajar, para descansar pero también para jugar. Incrementemos nuestro tiempo en nutrir nuestro cuerpo y alma haciendo actividades que nos otorguen una profunda alegría.

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

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Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 
defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegía como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y de la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.

Mario BenedettiImagen

Inactividad vs. Perdida de la Función

por Isis Martinez P. el 01/05/13 at 5:20 pm

Una de las expresiones que más frecuentemente escuchamos entre nuestros relacionados y muchas veces nosotros mismos es “ya yo no puedo hacer eso”, refiriéndonos a cualquier nivel de esfuerzo o actividad física. Por ejemplo, “yo antes jugaba tenis pero ya no puedo jugar por el dolor de hombro”, “yo antes corría, pero las rodillas ya no me dejan hacer eso”, “yo hacía yoga, pero, ya no me puedo tirar en el piso”, etc. Le parece conocido? La mayoría de las personas detienen la realización de cualquier actividad porque sienten una pérdida de funcionalidad física requerida para la acción, o porque les molesta la ejecución o la sienten incomoda o le produce dolor. Lo peor de todo es que esta pérdida de funcionalidad va en una escala ascendente. Con el tiempo, vamos sumando inhabilidades. Quiere decir esta actitud, se vuelve acumulativa. Cualquier actividad física o función a la cual nos rindamos, permanece perdida por el resto de nuestras vidas. Por ejemplo, si sentimos que subir varios escalones nos es incómodo o doloroso, luego ya serán dos o tres escalones, y finalmente terminaremos desistiendo de subir cualquier escalón. Esto quiere decir que si un familiar o relacionado vive más arriba de un primer piso en un edificio de apartamentos sin ascensor, terminaremos optando por no visitar más a esta persona, porque “ya es imposible subir esa escalera”. Empezaremos a sentir que ya no podemos subir las piernas para amarrarnos cualquier zapato o tenis, o que nos da mucha dificultad levantarnos de una silla. Están estas acciones relacionadas? Por supuesto, simplemente estas actividades utilizan los mismo músculos. Siempre existe una señal que el cuerpo nos envía para percatarnos del deterioro en nuestra habilidad física. Por supuesto, la mayor parte de las veces esto lo vamos achacando a la edad, y por eso decimos “yo ya no puedo subir las escaleras, tu sabes, cosas de la edad, el ácido “viejúrico”, etc. Una señal es simplemente un aviso, algo que tiene por objetivo captar nuestra atención. En este punto, es el momento de tomar una decisión de tomar acción sobre ello o simplemente dejar que la escala de deterioro progrese. En ocasiones tomamos la decisión de reiniciar el ejercicio, porque estamos “oxidados”, y por un par de semanas nos vamos al parque a caminar, nos inscribimos o reinscribimos en el gimnasio, pero, sentimos que ya no es igual que antes, que todo nos duele, la espalda, las rodillas, etc. Quizás es cuestión de hacer mas, de hacer menos, de hacerlo diferente, trazamos diversas estrategias, pero, pese a nuestros mejores esfuerzos sentimos que ya perdimos la posibilidad de estar en forma de nuevo. Nos embarga la frustración y a posteriori, lo peor, el conformismo. En este punto nos situamos en una situación precaria, la de pensar “lo que antes funcionaba, ya no funciona más”. Entonces, pensamos que deberíamos iniciar otras actividades más “suaves”, y nos apuntamos a una clase de yoga, o estiramiento, pero, una vez más sentimos que todo nos da mucho trabajo. Cualquiera que esté leyendo esto debe estar pensando “eso se llama envejecimiento”, no es así? Y…uhmm…es verdad, eso pasa, es algo inevitable, nos pasa a todos. Pero, el punto es que no tiene que pasar al menos al grado que hemos explicado o a tan tempranas edades. No tiene que ser así. Es cierto que con la edad vamos perdiendo agua y los tejidos pierden flexibilidad, pero, no menos cierto es que gran parte de lo que cae dentro de la categoría de envejecimiento normal es simplemente el resultado de varios elementos combinados como la pérdida de fuerza muscular, flexibilidad y alineación. No nos movemos lo suficiente, y por eso nos debilitamos y perdemos flexibilidad, y por lo tanto nuestro cuerpo pierde su alineación. El nivel que más nos hace ver “viej@s” es la manera en que nos movemos, o mejor dicho como no nos movemos, por eso la gente tiende a decir “camina como un(a) viejit@”, implicando esa manera de moverse en limitados rangos de movimientos. Los estudios han demostrado que el mayor temor de la gente al pensar o estar en la tercera edad, no es el morir, sino más bien el sentirse “inhabilitad@”. Esto está estrechamente relacionado a nuestra inherencia biológica de animales de movimiento, como tales tenemos un intuitivo sentido de que nuestra vida depende del movimiento. El no poder ser capaz de realizar las cosas que comúnmente hacemos. Sabemos que detenernos es como morir. Y la pérdida de la función es una forma gradual de inhabilitarnos. Dejar de movernos es morir. No es un secreto que la “civilización” ha conllevado a una pérdida de actividades en nuestras vidas. Ya no realizamos todas las acciones físicas que requerían siglos atrás la sobrevivencia. Quiere decir, la sociedad actual ya no requiere que nos movamos mucho. Hasta los otros días, necesitábamos pararnos para cambiar los canales de la televisión, hoy en día con un simple control remoto sin movernos logramos eso. Hoy en día tenemos escaleras eléctricas, ascensores, puertas que se abren automáticamente, etc. La tecnología apunta a lograr que las cosas se realicen de manera más fácil en sacrificio de movernos menos. En estos días un cliente mío me dijo que había contratado a alguien que le estaba automatizando toda la casa, todo se iba a lograr con un botón, abrir las ventanas, cerrarlas, etc. En realidad me lo contó como todo un triunfo, y mi perplejidad me incapacitó de articular una palabra de respuesta. La tecnología inventada para ayudar a las personas – haciendo las cosas más fáciles y rápidas – ahora amenaza nuestra existencia. Las cosas que antes eran un lujo ahora llegaron a ser una necesidad. Más y más personas se niegan a subir y bajar escaleras, o a abrir una puerta pesada. Y esto está pasando cada vez más en personas jóvenes. En conclusión, estamos llegando a ser una sociedad de incapacitados físicamente. Si no estamos alertas, la tecnología conspira en hacernos débiles y más débiles. A medida que envejecemos no solamente vamos disminuyendo el movimiento sino también la variedad. Y esto está estrechamente vinculado a nuestros estilos de vida actuales que no requieren mucho movimiento o precisan los mismos movimientos repetitivos. Agotamos un ciclo que se repite diariamente, nos levantamos, tomamos el auto para manejar hasta el trabajo, nos sentamos en el escritorio en el trabajo por un mínimo de 8 horas, y volvemos a manejar hasta la casa. Si analizamos esto, veremos que no nos movemos lo suficiente y hay muy poca variedad de movimientos, siendo estos básicamente los mismos diariamente. No nos doblamos, alargamos para alcanzar, estiramos o levantamos muy poco peso en nuestras actividades diarias. Y este hábito es lo que marca el que los músculos que no usamos con frecuencia van debilitándose para dar luego con que nos sorprendemos de cosas que ya no podemos hacer. Quiere decir si nunca nos tiramos al suelo, como puede sorprendernos que nos cueste gatear? Todo se vuelve un círculo vicioso. Los músculos que no se usan se acortan entrando en contractura crónica, perdiendo su habilidad de estirarse, lo que restringe nuestros rangos de movimientos en las diferentes articulaciones involucradas. Nuestro mundo de acción, al igual que nuestros rangos de movimientos se va haciendo más pequeño. Los músculos que no ejercitamos porque no están incluidos en nuestro radio de acción diaria se vuelven débiles. Realmente, en nuestro accionar diario no levantamos mucho peso. Permanecemos sentad@s por largas horas durante el día. Y los músculos dominantes que sí usamos todo el tiempo dominan a los debilitados. De lo que no somos conscientes es que esta realidad, de músculos acortados, tensos que pierden su rango de movimiento y otros músculos que llegan a estar debilitados tiene sus consecuencias. Ella marca el inicio de las dificultades que empezamos a notar y ademán facilitan que nuestra alineación postural comience a colapsar. CONCLUSION: nuestro cuerpo está ansioso por moverse. Recuerden, vivimos en una sociedad motivada a moverse cada vez menos. Cuando usted pueda camine, en vez de andar en el automóvil, no quiera estacionarse siempre frente a los establecimientos que visita, busque un espacio que le obligue a caminar un poco. Suba las escaleras en vez de tomar el ascensor. Haga cosas a la manera física en vez de descansar en la tecnología. Conspire contra la pérdida de movimiento en su vida. En su casa, en vez de pagarle a alguien para que siempre haga las cosas por usted, anímese a hacer alguna de ellas al menos, como pintar, rastrillar el jardín, etc. Todas estas actividades proveen de mucho estímulo a esos músculos sub trabajados. Todas estas actividades son excelentes como cualquier otro ejercicio. Haga cosas diferentes, gatear con los niños, escalar, bailar, estirarse. El movimiento es vida. –

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