5 lecciones que aprendimos de Les Luthiers y Daniel Rabinovich

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 Que el humor salva vidas no es novedad. Lo verdaderamente novedoso es que, desde el minuto en que se conoció el fallecimiento de uno de sus actores y fundadores, Daniel Rabinovich, el mundo se revolucionó al compás de las redes sociales enfocándose en algo mucho más grande que la muerte misma: el legado. Es que la risa y el humor son contagiosos; y por contagiosos, se volvieron virales los videos donde se lo seguirá disfrutando a Daniel con sus ingeniosas ocurrencias.

Desde el punto de vista del crecimiento personal, tenemos al menos cinco lecciones que podemos aprender de él y de Les Luthiers.

  1. Con humor todo es más sencillo. Rabinovich venia padeciendo serios problemas cardiológicos; incluso hace ya bastante tiempo que el grupo que integró desde el origen anunció su salida por temas médicos. Sin embargo, en entrevistas esporádicas, algunas apariciones televisivas, y en recortes de escenas en largometrajes, lo hemos disfrutado haciendo del humor un arte.
  2. No es necesario usar palabrotas para hacer reír. El silencio, la “dislexia” verbal, la reinterpretación de ideas sencillas, son suficientes para darnos cuenta del enorme potencial de la comunicación humana. Incluso para marcar diferencias de opinión, es sabido que cuando una persona denosta a otra, habla más de la primera persona que de su ocasional ofendido.
  3. La obra nos trasciende. Somos mucho más que una experiencia humana; por lo que cualquier cosa que dejemos hecha “de buen barro” y con manos de alfareros creativos, honestos y sensibles, perdurará por los tiempos de los tiempos. Eso no se borra. Tenemos muchísimos ejemplos, como el de la Madre Teresa, Martin Luther King, Gandhi, y tantos otros cercanos a los latinoamericanos. Sin ir tan lejos, acá nomás, Violeta Parra y su inmortal “Gracias a la vida”.
  4. En la experiencia está el aprendizaje. Los comienzos son tímidos, pequeños, con pasos a veces que nos asustan y hasta pueden paralizarnos por fracciones de segundos. Aunque si nos animamos a zambullirnos por completo en las aguas de las vivencias, participando al ciento por ciento de lo que queremos lograr, estaremos marcando huella. La experiencia es más valiosa que los símbolos como el dinero, el estatus, y hasta el ego mismo. Sin embargo, grande es la paradoja, que la experiencia termina por incluirlos como resultante final del camino: prosperidad, reconocimiento, y unas tremendas ganas de seguir haciendo más.
  5.  Si no para todo el mundo, al menos para un puñado de buenos corazones. Aquellos amigos leales, la familia con la que tenemos lazos fuertes y sinceros, los compañeros de ruta que estuvieron en distintos momentos. Por eso, en este paso por la vida, el legado y el sembrado es lo más importante. Lo demás son detalles.

Asi vivió y sintió Daniel Rabinovich. Alma de actor, corazón de humor, como tantos otros. Hoy toca recordarlo y grabar su memoria ante su partida. No nos olvidemos de los artistas: son los que pintan paisajes hasta en el lugar más desolado; y capaces de regar el pastizal más seco, para que, de a poco, aparezca un nuevo brote de esperanza.

https://youtu.be/i_QdxEUBY3A

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LAS TRES CARAS DE LA FELICIDAD

Por: Eli Bravo (@elibravo) el 12/04/2015 · Bienestar emocional

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Cada quien tiene su idea de lo que significa ser feliz, bien sea por de la experiencia de haberlo sido en algún momento, o mejor aún, de vivir el presente con una sensación base de felicidad que se mantiene inalterable ante los altibajos del día a día. Al igual que los bombones, la felicidad tiene muchos envoltorios y sabores, pero según Martin Seligman, considerado el padre de la psicología positiva, existen tres niveles que marcan su evolución: el placer, el compromiso y el significado.

O si la visualizas como ondas en expansión, la felicidad es una energía que nace del goce interno para crecer y alcanzar a la humanidad.

El primer nivel es la felicidad placentera; se trata de la agradable sensación física y mental que llega cuando haces algo que te causa placer. Personas queridas, lugares especiales, actividades que te gustan, todo lo que te traiga emociones positivas contribuye a tu nivel básico de felicidad, especialmente si eres capaz de saborearlo y apreciarlo el momento. Pero Seligman no se limita al ahora, que sin duda marca la experiencia de vida, para extenderse al pasado y el futuro. Hacia atrás, usando el perdón y el agradecimiento como herramientas para sanar heridas, pero sobre todo almacenando las vivencias placenteras como una “reserva emocional” para enfrentar los días difíciles. Y hacia delante, echando mano de la esperanza y el optimismo para despejar el horizonte de nubarrones.

Un nivel más arriba de las sensaciones placenteras está la felicidad que surge cuando nos comprometemos con nuestras virtudes y fortalezas. Ya no se trata de simplemente pasarla bien, sino de conocernos mejor para vivir a plenitud nuestros potenciales. En un amplio estudio que realizó junto al Dr. Christian Peterson, Seligman identificó seis virtudes que conducen a una felicidad comprometida: sabiduría, valor, amor, justicia, moderación y espiritualidad. Al cultivar estas virtudes en nuestros pensamientos y acciones vamos construyendo una sólida base de felicidad que ya no se limita a nosotros sino que comienza a extenderse a los demás.

Así aparece el tercer nivel, el de una vida con significado y con propósito: vivir para algo más grande que nosotros y que nos trasciende, dando a la humanidad lo mejor que tenemos. Suenagrosso ¿cierto? Pero no se trata de ser la Madre Teresa o Buda (aunque ambos personajes son profundamente inspiradores) sino de vivir con amabilidad, bondad y entrega, enfocando la atención en obras que permitan desarrollarnos como personas la vez que conectamos con los demás. De esta forma la felicidad deja de ser un asunto personal para convertirse en una experiencia compartida.

¿Qué tal trabajar en tu felicidad para que esa energía se expanda, tocando tu vida y a las personas que te rodean?

Ser feliz no se trata de vivir en una euforia permanente o un ataque de risa constante. La verdadera felicidad es más profunda. Es una roca madre sobre la cual disfrutamos los días de luz y transitamos los momentos espesos. Tiene que ver con las emociones, pero más allá, está conectada a la forma como decides vivir. Suena a frase hecha, pero es verdad: ser feliz es una elección. Y llevar esa felicidad a otro nivel es algo que puedes hacer ahora mismo. Solo tienes que trabajar en ello.